domingo, 4 de enero de 2015

El bautismo de Jesús. Un llamado a la unidad de los Cristianos (12-01-2004)

Toda la cristiandad en todo el mundo y en todo lugar es unificada por la práctica del Bautismo. Para los judíos de la época de Jesús, era un rito de purificación realizado antes de entrar al templo y elevar sacrificios a Dios. Lo que parece que puede ser algo que unifica en muchos casos es lo que separa la comunión cristiana. Las diferencias de criterio en torno de esta práctica Sacramental tienen más tintes humanos que primordialmente bíblicos y evangélicos (evangelio = buena noticia). Es interesante que en muchas confesiones cristianas se practique el re bautismo; o sea, que el bautismo realizado por una determinada confesión cristiana (iglesia) no sea aceptado por otra.

Sería como un planteo hipotético que Dios está en una iglesia y en otra no. De esta forma solo aquellos que tienen la certificación de expresa de Dios para realizar el Bautismo Verdadero. Aunque no encontramos en ninguna fuente bíblica esta certificación ni autorización; lo que si encontramos con toda seguridad es el mandato que bauticemos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, nada más que esto.

Creemos firmemente que las divisiones entre los cristianos tienen que ver más con cuestiones humanas y de relaciones de sentido antropológico que de sentidos precisamente bíblicos teológicos.

  • Algunos decimos que solo el Bautismo de adultos es válido, entonces si alguna confesión ha bautizado a una persona cuándo era niño tenemos que “rebautizarlo” cuándo adulto.
  • Otros decimos que solo nuestro Bautismo es válido, no aceptamos que el espíritu del Dios verdadero esté en otras confesiones que tienen formas distintas de alabar a Dios.
  • Mientras que algunos de nosotros creemos que el Bautismo es un acto total de gracia de Dios para con nosotros y no hay intermediación humana en este evento. Que Dios se regala con su Espíritu Santo en el agua y se entrega totalmente al Bautizado.

Si fuera el caso de que tuviéramos que explicar o entender el gran regalo de la gracia de Dios para nosotros en el Bautismo, ni todos los teólogos, intelectuales y predicadores del mundo llegarían a poder encontrar algo valedero. El regalo de Dios para los seres humanos es tan grande que nuestro entendimiento no llega a descifrar todos los misterios de Dios incluidos en él.

Dentro de esta perspectiva muchas confesiones cristianas ya están trabajando en conjunto hace muchos años en el reconocimiento mutuo del bautismo y la aceptación plena del mismo. Para estas confesiones es independiente la edad del Bautizado, es independiente la forma y la cantidad de agua usada, siempre y cuándo se lo haga en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Así que podríamos hacer un esfuerzo como cristianos que creemos en un solo Señor, aunque de formas distintas, y empezar a trabajar en conjunto en cuestiones tan importantes como el bautismo, principalmente para no generar confusión entre aquellos que se acercan a la palabra y al sacramento. 

Si decimos que el Bautismo en otra confesión cristiana no es válido estamos trabajando con una lógica bastante complicada puesto que estamos diciendo, en el fondo, que Dios allá no está y que solo nosotros tenemos la certeza de la salvación; de la misma forma estamos dándole la razón a aquellos que piensan lo mismo de nosotros.

El Bautismo de Jesús es un llamado a la unión de todos/as cristianos/as en el mundo, para que nos unamos bajo el manto sagrado de Nuestro Señor Jesucristo.

domingo, 20 de abril de 2014

Cristo vida nueva nos dio: resucitó de la muerte venciéndola para siempre.

En nuestra realidad cotidiana nos cuesta vislumbrar con claridad esta nueva vida que Cristo nos ha regalado con su resurrección. Desde las limitaciones humanas es complejo poder visualizar algo más que nuestro día y quizás pensar un poco en el mañana. La cotidianidad de la muerte es una presencia mucho más marcante que una promesa de una vida distinta a la que estamos acostumbrados. Es novedoso que en el anuncio de la Pascua aparezca la mirada hacia la vida y no la búsqueda entre los muertos, pese a lo difícil y duro que debe haber sido para los/as discípulos/as de Jesús entender esto. María Magdalena fue la primera a ser confrontada con esta realidad. No lograba entender por qué no estaba más allí dónde lo habían depositado después de haberlo sacado de la cruz.
Cristo resucitado nos hace volver la cabeza hacia la vida y no quedar fijados en el sepulcro en dónde nada cambia. Esta nueva vida que nos dio a partir de su sacrificio en la Cruz nos hace buscar una dinamicidad distinta y transformadora. Buscar la vida, a partir de esta resurrección, entre los vivos y no entre los muertos.
En el domingo de Ramos fuimos impactados, aquí en Misiones, por la caída de un puente que ha llevado dos vidas y ha generado muchas reacciones en toda la provincia. Así como Pilatos (al entregar a Jesús a la muerte) acá también rápido salieron a “lavarse las manos” y a hacer de cuenta que esto nada tenía que ver con las responsabilidades directas de muchos.
En un pueblo cercano de acá, del otro lado de la frontera, (Brasil), en el lunes de esta semana santa, encuentran enterrado a la orillas de un arroyo a un niño de apenas 11 años, que, por lo que todo indica, fue asesinado por la mujer de su padre y una amiga de la misma (que lo hizo a cambio de plata). Pareciera, además, que habría participación del padre en el hecho.
Esta dos situaciones, una acá y una allá, han conmocionado a la población y han generado un sinnúmero de reacciones. Empezar a poner la luz de la Pascua y de la resurrección sobre esta realidad es uno de los mayores desafíos para nosotros cristianos/as. Podríamos intentar mirar el “lado lindo” de la Pascua y “olvidarnos” de lo que pasa en el día a día, vivir en un permanente estupor (Disminución de la actividad de las funciones intelectuales, acompañada de cierto aire o aspecto de asombro o de indiferencia).
La perspectiva, o la mirada que nos da el mismo Dios acerca de esto es desafiadora y nos llena de energía y vida para hacer frente a esta realidad. Sentirnos enviados a buscar a Cristo entre los vivos (y no más entre los muertos) es el llamado a tomar la plenitud de la vida y la responsabilidad sobre la misma como meta de nuestro día a día. La realización completa del ser humano (contrariamente a lo que el comercio y el marketing post-moderno nos intentan imponer) tiene que ver con la protección de la vida y con la construcción de espacios sociales en dónde la misma sea dignificada y promocionada de forma integral.
Reproducir palabras con tinte religioso no nos hace mejores ni peores personas. Cristo ha puesto en manifiesto que todos/as somos pecadores/as. Nos cabe reconocer nuestra parte en el pecado y a partir de allí intentar generar posibilidades para que el mismo deje de generar muerte. Dice pablo en la carta a los Romanos: “Pues el salario del pecado es la muerte; mientras el don de Dios, por Jesucristo Señor nuestro, es la vida eterna.(Rom. 6.23).
Así como Moisés, elevaba su cayado en el peregrinar del pueblo, para evitar que las alimañas (serpientes y escorpiones) dañaran a los que habían podido salir del jugo del Faraón; Dios ha elevado a Cristo, adelante nuestro, con su resurrección poniéndonos en un camino de esperanza y de acción. La responsabilidad de haber puesto a Cristo delante nuestro es de Dios, la nuestra es poder caminar mirándolo y a partir de esta mirada trazar espacios de vida que sean más coherentes con lo que tenemos “delante nuestro”. Si desviamos la mirada hacia nosotros mismos y/o hacia las nimiedades de la vida seremos lastimados por las alimañas del individualismo, de la soledad y de la muerte que gana terreno.

A este Cristo de la vida eterna tengámoslo delante de nuestros pasos, sea en momentos de alegría o de angustia, sea en momentos de bonanza o de escases. Esta esperanza de la última venida en dónde el mismo Cristo con voz de Arcángel resucitará a los vivos y a los muertos es lo que tendría que ponernos en lugares decisivos en cuanto a las decisiones de lo cotidiano. Que optar siempre por mirar a este Cristo elevado, delante de nosotros, se el desafío de esta Pascua.